Yoga y discapacidad, una mirada hacia la integración

El Yoga constituye una práctica muy extendida hoy en día en casi todos los colectivos. Dentro de este marco, y siguiendo los pasos de otros países europeos, así como de Estados Unidos, la práctica del Yoga se empieza a considerar adecuada para colectivos especiales como la tercera Edad o ciertas discapacidades como  Autismo, Síndrome de Down, Microcefalia, Parálisis Cerebral o trastornos del desarrollo madurativo.

Estamos a acostumbrados a reconocer el Yoga como una serie de posturas físicas, pero si profundizamos en la experiencia nos damos cuenta de que el Yoga constituye un conjunto de técnicas llenas de sabiduría que permiten aplicarlo a todas las personas, sean cuales sean sus limitaciones físicas y/o psíquicas y su edad, pues el yoga nos lleva más allá del cuerpo.

Estaríamos dispuestos, entonces, a entender que “somos más que un cuerpo” y que es nuestra verdadera esencia la que entiende lo que estamos haciendo verdaderamente.

El Método Yoga Especial contempla la necesidad de crear un Vínculo Especial, de ser a ser, en el que entran en juego otros registros del Ser Humano que traspasan los límites del cuerpo y de la mente. Sólo así podremos trabajar desde el Amor y desde el Respeto hacia ese Ser Humano completo. Sigue leyendo

¿Sabías que escuchar voces en los niños es más común de lo que imaginamos?

Según investigadores del departamente de psiquiatría del Royal College of Surgeons en Dublín*, los síntomas psicóticos tales como alucinaciones auditivas son más comunes entre los niños de lo que se había supuesto hasta el momento.

Si las alucinaciones persisten durante la adolescencia, están normalmente asociadas con problemas mentales complejos como depresión, ansiedad y trastornos de conducta.

Estos investigadores han estudiado una amplia muestra de niños y adolescentes entre los 11 y los 16 años. Parece que las alucinaciones auditivas son mucho más frecuentes en los más pequeños. Pueden aparecer hasta en el 23% de los niños entre 11 y 13 años. Mientras que en los más mayores, entre los 14 y 16 años, sólo aparecen en el 7%.

Así mismo, entre los jóvenes sólo la mitad de los que declaraban tener alucinaciones auditivas, presentaba además un trastorno psiquiátrico. En el grupo de los mayores, el porcentaje de aquellos que además de escuchar voces, presentaban un trastorno asciende hasta el 80%.

De este estudio, los expertos destilan varias conclusiones:

Primero, que los síntomas psicóticos en los niños son más comunes que lo que se tenía pensado con anterioridad.

Segundo, que la persistencia de las alucinaciones auditivas a medida que va creciendo el niño, nos puede llevar a sospechar que tiene probabilidades de desarrollar un trastorno psiquiátrico.

Tercero, algunos autores entienden que estudios como este pueden ayudar a tirar por tierra la idea preestablecida de que “los problemas emocionales y conductuales son una fase más de la adolescencia que el niño superará al crecer“. Parece lógico pensar que más que una fase, son una alerta que nos pone sobreaviso ya que si no se supera o resuelve este momento, pueden aparecer también problemas conductuales y emocionales en la edad adulta.

Y es que es cierto que todos sabemos que la adolescencia es una etapa turbulenta de confusión y agitación pero es también un momento en el que el niño reevalúa y cuestiona todo lo aprendido hasta ese momento para poder construir sobre ello su personalidad adulta. Si esta confusión no es guiada y resuelta es comprensible que los problemas persistan en la siguiente fase.

*Published online April 12 in the British Journal of Psychiatry.

La teoría de la mente: base de la empatía

En psicología a nivel académico el concepto “Teoría de la Mente” tiene ya muchos años y no resulta extraño. Sin embargo muchos padres de niños con trastornos dentro del espectro autista no saben qué quieren decir los expertos cuando les dicen que su hijo no tiene teoría de la mente.

La Teoría de la Mente es la capacidad humana para poder atribuir pensamientos e intenciones a otra persona diferentes de los nuestros.

Existe un test muy conocido en psicología, el test de Sally y Anne, en el que dos niñas Sigue leyendo

¿Sabías que el apego es la base fundamental de todo el desarrollo emocional de un ser humano?

El otro día asistí a unas jornadas impartidas por la Asociación Elisabeth d’Ornano sobre el desarrollo infantil de 0 a 3 años. En ellas se ponía el énfasis fundamental en el vínculo o apego (en este caso usados como sinónimos). Ya hemos hablado en otras ocasiones en este blog sobre el significado y la importancia del apego pero me llama especialmente la atención el desarrollo y enfoque que le da esta asociación al tema, hablando del apego como herramienta de prevención en salud mental infantil.

Parece que la asociación nació y así está en el nombre de la misma para centrar su actividad sobre el TDAH. Después de iniciar acciones formativas a profesionales sanitarios y de la educación sobre el manejo de los niños diagnosticados de hiperactividad, decidieron abrir otras vías formativas. Queda patente que aunque hay mucho trabajo a realizar hacia profesores y profesionales sanitarios con respecto a estos niños que van desde una buena medicación hasta un adecuado posicionamiento en el aula, lo más beneficioso para todos, padres, niños, educadores y hasta el sistema sanitario, sigue siendo la prevención. Es decir, que desde esta asociación se plantean cómo puede educarse a un niño para que no llegue a desarrollar determinadas enfermedades mentales.

Tratando de evitar el desarrollo del TDAH, también es posible prevenir otras enfermedades mentales ya que la herramienta que se utiliza, el apego o vínculo sano, tiene un amplio potencial de acción.

De la misma manera, es llamativo que se amplíe el periodo de prevención no ya al momento en que nace el niño sino incluso a los momentos previos al nacimiento: el embarazo o, más aún, el estado emocional de la pareja cuando se plantean ser padres.

Así dicho parece una tarea ardua y difícil ya que da la sensación de que los padres tenemos que ser conscientes en cada minuto y segundo de nuestra afectividad para con nuestros hijos. Y que cualquier despiste en esta tarea acarreará consecuencias terribles. Sin embargo, crear un buen vínculo afectivo no es algo duro sino una experiencia de amor auténtico donde debemos hacer frente a nuestros miedos como personas. El resultado, merece la pena. Y además, si nos esforzamos en esta tarea inicial como padres dando todo nuestro apoyo en los 3 primeros años de vida de nuestro hijo conseguiremos principalmente dos cosas.

Por un lado, crear una base de desarrollo emocional estable que funciona como un factor protector para los hijos ante las posibles adversidades que estén por venir: problemas en la escuela, con los compañeros, situaciones traumáticas de muerte o separación, etc.

Por otro, interiorizar un modo de relación estable entre la pareja y con respecto a los hijos que puede resultar muy beneficioso. Es difícil que durante 3 o 4 años estemos muy pendientes de este vínculo afectivo y que, a partir de un momento, empecemos a relacionarnos de otra manera sin darnos cuenta y sin capacidad para volver a donde estábamos. Es decir, es más fácil corregir errores o desviaciones en la relación con nuestros hijos, si partimos de un punto sano y equilibrado.

 

No puedo leer, historia de una disléxica

¡Hola a todos!

Me llamo María, tengo 13 años y soy disléxica. Me gustaría contaros brevemente mi historia y experiencia para que pudierais conocer y comprender más en qué consiste este trastorno de aprendizaje tan frecuente y ayudar a encontrar a otros niños que pudieran estar padeciéndolo.

Desde que estaba en 2º de Primaria, con 8 años, comencé a sentirme diferente a mis compañeros y a darme cuenta de que algo no iba bien. Y es que, yo no leía como ellos: a mí me costaba muchísimo, era muy lenta, con muchas paradas, repeticiones, cambiaba unas letras por otras o no las leía, incluso me inventaba algunas palabras, me perdía o saltaba alguna línea,… Así era muy difícil que comprendiera lo que iba leyendo porque, además, ponía toda mi atención en convertir cada letra en su sonido correspondiente y esto era muy complicado y trabajoso.

También tenía dificultades al escribir, por ejemplo: confundía letras parecidas como “b” y “d”, juntaba palabras o las separaba mal y cometía muchas faltas de ortografía.

Fue realmente difícil aprenderme seriaciones como los días de la semana, el abecedario o las tablas de multiplicar porque rápidamente se me olvidaba lo que había estudiado. Y es que trabajaba y estudiaba muchas horas, más que mis compañeros de clase, pero mi esfuerzo no daba los resultados esperados. Ni siquiera me daba tiempo a terminar los controles.

No quería ir al colegio.

Y todo esto me hacía sentir mal, triste o me cambiaba el humor de un momento a otro y estaba eufórica. Llegué a pensar que verdaderamente era tonta. No podía dormir bien, me dolía la tripa, la cabeza y no quería ir al colegio para no escuchar las risas de los otros niños cuando leía en voz alta ni a mis profesores decirme que era vaga, que no me esforzaba lo suficiente, que siempre estaba distraída o que era un desastre porque mis cosas no estaban ordenadas ni mis trabajos limpios. Odiaba leer y escribir. Todo esto me afectaba mucho y, a veces, en clase me portaba mal para llamar la atención, ya que no conseguía hacerlo por mis buenas notas.

El diagnóstico, un alivio.

Y mi mundo fue así, caótico y confuso, hasta que mis padres decidieron llevarme a un centro privado cuando tenía 9 años. En el colegio les dijeron que, si no recibía un apoyo particular, no pasaría de curso porque mi lectura era propia de un niño dos años más pequeño que yo.

En este centro me hicieron muchas pruebas y tests y llegaron finalmente a la conclusión de que todo lo que me ocurría tenía un nombre: dislexia. Fue un gran alivio porque, no solamente me ayudaron a leer y escribir mejor, sino también a algo muy importante: a comprender lo que me sucedía y a aceptarme a mí misma.

Nos explicaron a mí y a mis padres todo sobre ella: que se trataba de un trastorno neurológico que era para toda la vida, pero que yo era una niña inteligente que, con una ayuda específica y las adaptaciones curriculares que se harían en el colegio, lograría mejorar y salir adelante, como así fue. Nos contaron que había dos tipos principales de dislexia: una que se llamaba “superficial”, propia de niños que leían lentamente, de forma silábica; otra “fonológica”, en la que costaba leer palabras desconocidas; y un tercer tipo que sería una mezcla de los dos anteriores.

Sentirme comprendida.

Mi padre se sorprendió y comentó a todos que, cuando era pequeño, a él le ocurría lo mismo.

Finalmente, en el centro resaltaron a mis padres que su apoyo, comprensión y cariño resultarían fundamentales para que el tratamiento diese los resultados positivos esperados y esto me ayudó y motivó a esforzarme aún más.

Esto es lo que le sucede a una niña que padece dislexia y así es como lo vive y se siente. Si piensas que alguien al que conoces pueda estar pasando por algo parecido, puedes ayudarle a comprender lo que le pasa y, sobre todo, a entender que no le falta inteligencia, que lo que padece tiene un nombre y, lo que es más importante, ¡una solución!

Factores familiares de riesgo en los Trastorno de la Conducta Alimentaria

En un artículo anterior, ya tratamos el tema de los trastornos de alimentación. En esta ocasión, nos centraremos en dos puntos principales: los factores familiares predisponentes a la enfermedad y la intervención clínica del psicólogo.

A pesar de que no existe un patrón fijo de comportamiento en  familias con miembros con TCA, está  probado que hay determinados indicadores familiares que se consideran “de riesgo”. A continuación haremos un breve recorrido por ellos. Sigue leyendo

¿Sabías que las adopciones tienen más riesgo de truncarse al llegar a la adolescencia?

Muchas parejas que no pueden tener hijos adoptan un niño o niña como forma de crear una familia. Pero también optan por la adopción familias con hijos biológicos. Los niños y niñas adoptados y sus padres son familiares de pleno derecho y a nivel legal se equiparan a familiares biológicos.

Los padres que optan por la adopción pasan una serie de entrevistas y tienen que cumplir cierto número de requisitos que los hace familia idónea para una adopción. Así cuando la adopción se produce, el deseo de tener un niño no es un capricho pasajero sino una convicción forjada a lo largo de meses.

Sin embargo, la mayoría de las veces los padres no son conscientes de lo que implica acoger en su familia a un niño adoptado. Los niños que no se pueden criar con su familia biológica y son criados en otras familias llevan a sus espaldas una historia de abandono y frustración.

Las situaciones por las que se abandona un niño generalmente son el resultado de historias dramáticas, donde los padres presentan muchos problemas y dificultades. 

Todo esa biogrfía familiar queda grabada de alguna manera en el niño y a la historia de abandono hay que unir el repertorio de situaciones y momentos complicados que vive el niño en solitario: vivencias en centros de acogida, horfanatos, experiencias con familias de acogida que no llegan a buen puerto o, en caso de adopciones internacionales, cambios de país, aprendizaje de un nuevo idioma, integración en una nueva cultura, etc.

Los primeros años suelen ser difíciles pero en general se afrontan con optimismo y comprensión. Y, en ocasiones, tras unos años y sin llegar a conseguir la estabilidad deseada, los niños inician la adolescencia. La adolescencia es un momento complicado tanto en familias adoptantes como en aquellas en las que todos sus hijos son biológicos.

Los niños pasan unos años difíciles y en su paso a la adultez tienen que reafirmar su personalidad. La mayoría de las veces, esto lo consiguen enfrentándose y rechazando aquello que ya conocen: los padres. Al mismo tiempo, la adolescencia es un momento de recapitulación de los años previos y si la infancia ha sido complicada o llena de situaciones poco agradables, existen altas probabilidades de que la adolescencia sea especialmente difícil.

Esto explica que muchas adopciones se trunquen al llegar a esta etapa y los padres adoptivos soliciten que sea de nuevo el Estado el que se haga cargo de estos niños. Sin embargo, no hay que olvidar que una historia familiar que no llega a buen puerto significa una experiencia más de fracaso para estos niños que pueden acumular más de una vivencia así. Esto aumenta su sensación de inadecuación y genera más angustia y frustración. De algún modo, cuando esto sucede, se confirman los peores presagios para estos niños que tienen de forma inherente la sensación de que no son lo suficientemente buenos como para ser queridos o aceptados.

 

El masaje metamórfico

El masaje metamórfico, también conocido como Terapia prenatal consiste en aplicar un suave masaje a modo de caricia en pies, manos y cabeza. Se basa en la Antigua Medicina Tradicional China, y fue desarrollada por Robert St. John a partir de la Reflexología Podal.

Según la Técnica metamórfica todos los traumas, bloqueos y desequilibrios que vivirá un ser humano se “cocinan” en el periodo del embarazo.

Durante los 9 meses de gestación todo aquello que la madre vive, el feto lo recoge y lo hace suyo formando sus cimientos. En esta época se establecen nuestras estructuras físicas, mentales, emocionales y de comportamiento. En definitiva, nuestra vida después del nacimiento está influenciada por este período de gestación y es esta energía la que tiene que ser liberada. Sigue leyendo

¿Sabías que los castigos corporales generan niños agresivos?

Para algunos padres, el tema de la disciplina es un punto candente en la educación de sus hijos. Siempre se habla de la necesidad de educar en positivo en lugar de utilizar el castigo. Primero porque es más efectivo educar con premios y segundo por la actitud que trasmitimos a nuestros hijos.

Los padres somos el modelo número uno a imitar por nuestros niños. Si les damos besos y caricias, sabrán dar besos y caricias. Si les chillamos o les pegamos, les enseñamos a chillar y pegar. Es así de simple. Puede que no lo haga con nosotros o no nos reponda de la misma manera que le tratamos en este momento. Pero no lo dudéis, será agresivo más adelante y con otros: hermanos, compañeros de clase, en sus parejas futuras,…

Según un estudio publicado recientemente en la revista de la Asociación Médica Canadiense, todos los estudios realizados sobre el uso de castigos corporales a los niños concluyen lo mismo, sin excepción:

Los niños educados mediante este tipo de prácticas aumentan sus conductas agresivas hacia padres, hermanos y otros niños.

En el reciente estudio se concluye además que el castigo físico está asociado con depresión, ansiedad, consumo de drogas o alcohol y se evidencia un menor rendimiento intelectual.

Una de las autoras del estudio, Joan E. Durrant propone como alternitiva la “disciplina positiva” que fundamenta en tres puntos:

- Marcarse objetivos educativos a largo plazo,

en lugar de perderse en el éxito a corto plazo. Es decir, debemos tener siempre presente en qué queremos que se conviertan nuestros niños, qué tipo de personas queremos que sean de adultos.

- Ofrecer afecto y estructura.

Ser cálidos y protectores. Crear una ambiente familiar confortable así como ser claros en cuanto a lo que nos gusta y lo que no nos gusta de ellos. Mantener una comunicación fluída con nuestros hijos.

- Entender cómo piensa y siente un niño.

Muchas veces los niños no sienten ni piensan como lo haría un adulto ante la misma situación. Es conveniente tener ciertas nociones del desarrollo infantil o hacer un ejercicio sincero de reflexión para ponernos en el lugar del niño.

Estas tres directrices pueden ayudarnos a ser más positivos en nuestros estilo educativo. No debemos olvidar que los niños se convierten con facilidad en adolescentes y luego en adultos pero los primeros años de vida y de relaciones personales, marcan a los niños.

¿Sabías que el dormir ayuda a los niños pequeños a ser más positivos?

Sabemos que el sueño es una necesidad vital y que la privación del mismo puede llegar a causar la muerte. La necesidad de horas de sueño varía a lo largo de la vida y es especialmente importante en los bebés y los niños. Se habla mucho de la necesidad de sueño en relación al aprendizaje. Y, de hecho, el cerebro no está inactivo mientras dormimos. Más bien al contrario, parece que durante los momentos de sueño existe una gran actividad cerebral que ayuda en la asimilación de los nuevos aprendizajes.

Ahora además se ha encontrado relación entre el sueño y la expresión y el procesamiento emocional. Según un estudio* realizado por la University of Colorado en Estados Unidos los niños que duermen menos tienen una respuesta emocional positiva menor y muestran mayor negatividad ante la frustración.

El estudio se llevó a cabo con niños de 30 a 36 meses a los que se privó de su siesta diaria y se observó su respuesta emocional ante estímulos positivos, negativos o neutros y ante la realización de puzzles con distinta dificultad para valorar sus expresiones frente al éxito o el fracaso.

Los resultados revelaban que los niños que no habían dormido su siesta habitual se mostraban más indiferentes y negativos ante los estímulos, expresaban menos emociones positivas ante las tareas que resuelven exitosamente y daban muestras de una mayor ansiedad ante la frustración. Así pues parece que el sueño es una actividad clave para la gestión emocional de los niños. Cuando son privados de sueño, los niños son menos capaces de aprovechar las experiencias positivas y se vuelven menos adaptables al medio que les rodea.

Los autores del estudio llegan a afirmar que la privación persistente de sueño puede provocar que los niños no consigan aprender a regular sus respuestas emocionales y les haga más propensos a padecer trastornos afectivos o emocionales en el futuro.

Puede que los efectos a largo plazo sean más difíciles de valorar pero lo cierto es que todos los padres somos conscientes del estado de ánimo alterado que muestran nuestros niños cuando no han dormido lo sificiente. Este estudio simplemente pone el acento en la necesidad de respetar los horarios de sueño de nuestros pequeños y nos recuerda por qué es tan importante para los niños dormir un número suficiente de horas.

*Journal of Sleep Research. Article first published online: 11 OCT 2011